lunes, 13 de abril de 2015

Amores desafiados de amaneceres incomprendidos

Como cada mañana, un café en la ventana dejándose enfriar, quizás responde a tu llamada de socorro, o quizás el azúcar rebosó sinceridad. El lápiz corría sólo por el lienzo, nada más puro que las sábanas enroscadas en tu cuerpo. La deliciosa perspectiva cautivaba el sol a estas horas tan tempranas. Pero a mí me gustaba madrugar, quizás para verte dormir o quizás para dibujarte durmiendo.

Ensimismada en esa atractiva arruga de la blanca sábana en tu cintura, captando cada sombra de tu pelo como cae. Estaba delineando el pecado que acechaba, besos mañaneros, polvos placenteros.

Tu sonrisa desveló los dientes traviesos que atraparían mas tarde mi cuello.

Con los ojos cerrados intentaba recordar él porqué llegué ahí, a tu cama incomprendida. Apenas me di cuenta del momento en que te acercaste sigilosamente, tan puro, tan desnudo. Al abrirlos comprendí. Te alegrabas de verme, sentada en tu caballete mas antiguo, describiéndote dormido. Sin apuros me quitaste el borde de la sábana que envolvía mi pecho y caía al suelo, la misma que me dejaba al descubierto. Eras puro vicio, de chocolates en mi espalda, de letras meditadas. Tu dedo, empapado de derretido placer recorrió por mi columna a la par que me estremecía al llegar cada vez mas bajo. Dejó a su paso un camino de delicioso cacao que indicaba la travesía perfecta .La ventana era una chivata a los vecinos, cualquiera podría observarnos en un ambiente lujurioso.

No te suponía nada el poder ser vistos, es más, era el desafío perfecto.

Sentir tus manos en mis muslos, llenas de chocolate, levantarme en un suspiro como si mi peso fuese pluma y ahorcajarme de espaldas a ti. Ni trabajo te costó. Acercarte a la ventana para que yo pudiera sujetarme ahí, pudorosa de ser vista, pero ardiente de ser tuya. Una mano apareció por mi vientre, rozando el hilo de mis bragas, bajando mas profundamente. Perdiéndote dentro de mí, dedos traviesos que jugaban con mi placer más íntimo. Lengua escurridiza que saboreaba mi cuello y parte de mi espalda llena de delicioso derretir.

Tu otra mano pretendía erizarme el pecho izquierdo regándolo con el cacao. Que placer juntar ambas delicias. El no saber dónde escondías ese cuenco de chocolate me descomponía por completo. Yo también quería usarlo.

Me percaté del pequeño banco de cocina que tenias cerca, ahí estaba. Desenrosqué mis piernas y me bajé de ti. Girándome al compás que tus ojos me miraban perplejos. No te esperabas ese cambio repentino. Moje mi dedo en el derretido placer y lo dispuse sobre tu boca. Repetí el proceso pero esta vez lo paseé desde tu ombligo hacia el límite de mi cordura.

Cordura que muy amablemente acomodó mi boca, saboreando el cacao de tu aturdida perplejidad.

1998...


Violencia de Género

Maltratos al amar

Piel nómada que cambia
cual serpiente que se quiebra
como insólita mirada
desconcierto de palabras.

Palabras que hacen daño
cual te quiero en el antaño
como en susurros por engaño
yo, cambiando de tamaño.

Tamaño de tus besos
cual olvidados en mis huesos
como tus te quieros ambiciosos
tus rastros indiciosos.

Indicios de quererme
cual miedos por desarraigarme
como llantos a encamarme
indicios de enquistarme.

Enquistarme a tus respuestas
cual escenas zapatiestas
como llamadas predispuestas
opiniones tan opuestas.

Opuestas tus palabras
cual desgracia que siembras
como trivialidad te cobras
el efecto que obras.

Obras de amores
cual amores requebradores
como hombres maltratadores
que te quieren a mayores.

Mayores los golpes
cual sumo choques
como ahogos por atrampes
mi muerte, tú el causante.

Me quisiste a mayores

Te quise a más no poder
sólo me buscabas reprender
yo únicamente quería retroceder
para a ti no hacerte encender.

Como la vela que se prende
cuando el fuego arde
tu fuerza a mi desciende
a golpes por hiende.

Sin lunas a tu alcance
mi meta era no enfadarte
sin poder hacerte frente
por la furia de tu alcance.

Tu índole sobre mi abalanzaste
hasta el fin te enarbolaste
con mi vida acabaste
sin pensar el daño que causaste.


Descuidaste que crece
dentro de mí tu procedente,
hijo de tu sangre
al que un día tu mataste.